Salamanca

María, la elegida

(La Anunciación del Señor: 23 de marzo)

 

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo…

¡Bendita tú entre las mujeres…!

(Lc 1,28.42)

La solemnidad de la Anunciación del Señor brinda la oportunidad de considerar la categoría humana y creyente de la joven María de Nazaret. Dios se fija en ella y la elige para una misión que no esperaba. Ella responde con un sí generoso, que mantendrá toda la vida.

Esto se dice pronto, pero no es fácil. La turbación que experimenta María y las preguntas que formula denotan que la propuesta que recibe es tan compleja que necesita discernimiento. Se conmociona de tal manera que le sale de dentro preguntar…

Anotemos que es la belleza interior y transparente de María lo que fascina a Dios hasta convertirla en favorita. Dios se le declara… y la sorprende. Ella tenía otro proyecto, pero Dios le cambia las perspectivas, abriéndole otro marco existencial.

 

María debate con Dios

La joven María no da muestra de ser ingenua ni superficial. Manifiesta estar abierta a los planes de Dios de manera atenta, crítica y sincera. Medita lo que acontece y le sucede (cf. Lc 2,19.51). No es crédula, sino creyente, que no es lo mismo.

María debate abiertamente con Dios: “¿Cómo puede ser esto pues no conozco varón?” (Lc 1,34).

Debatir con Dios es lógico si se hace con nobleza y con buena intención. Preguntar y pedir explicaciones, cuando no se entiende la voluntad de Dios, no es una insensatez; al contrario, denota confianza y no es síntoma de resistencia al cumplimiento del plan divino. María ejerce la buena crítica hasta con Dios… y hace bien, porque entre razón y fe ha de existir una básica y buena relación. La fe bien entendida no es incompatible con la razón. La razón no llegará hasta donde alcanza la fe, pero el significado y los atisbos de la fe nunca han de ser repugnantes para la razón.

La crítica sana, el discernimiento, es una característica de los buenos creyentes. La fe proporciona clarividencia, pero no siempre al primer impacto. En este sentido, es iluminadora la experiencia de san Pablo: en el viaje a Damasco siente una conmoción de Jesús tan fuerte que lo derriba… En un primer momento no ve con claridad, tiene como escamas en los ojos… Necesita orar y discernir para acabar de ver… (cf. Hch 9,1-20).

 

Colaboración radical

El debate y las preguntas de María no son excusas para evadir el compromiso, sino que responden a la necesidad de tener claridad para comprometerse con mayor convicción y perspectiva. Dios accede a la solicitud de María, entra al debate y le ofrece una explicación amplia, dejándole muy claro que, para él, nada hay imposible (cf. Lc 1,37).

Tengamos presente que cuando Dios pide una colaboración, es claro. Si llama para una misión, es directo y se hace entender suficientemente. La actitud de María, después de debatir con Dios, es de entera adhesión y de compromiso radical: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Y su cooperación fue activa, fiel, perseverante, porque María vive al aire del Espíritu. Su compromiso de colaboración evidencia que tenía buena intención al debatir con Dios.

 

Enseñanza ejemplar

El texto evangélico de la anunciación contiene una gran catequesis. A veces Dios interviene alterando los planes que nos habíamos trazado. Deliberar con él es legítimo, pero nunca como excusa para rebajar la respuesta creyente. Podemos aprender de María a ser cristianos críticos y, al mismo tiempo, dóciles y fieles a la voluntad de Dios. El significado y la orientación de este pasaje evangélico nos han de proporcionar clarividencia.

María, iluminada por el don de la fe, pronuncia un sí redondo, categórico, sin reservas, en el que compromete su vida por completo. Y deja que el Espíritu intervenga en ella con total libertad. El resultado: una fecundidad impresionante…

 

ORACIÓN

Te bendecimos, Dios de la historia,

porque has hecho grande a una mujer sencilla.

María es un ejemplo culminante para los creyentes de todos los tiempos.

Su vida, llena de gracia, aviva nuestra conversión.

Celebramos, Dios bueno, a María presente en la comunidad,

cristiana fecunda, libre, corredentora…

Con ella proclamamos tu grandeza.

También hoy puedes hacer maravillas si, como ella, te decimos:

“Aquí está la esclava del Señor…”.

Dios nuestro, estamos orgullosos de María, como lo estuvo Jesús,

porque ella escuchó tu Palabra y la hizo vida.

Gracias, Dios bueno, por el regalo de María:

por su compañía amorosa y por su vida ejemplar.

 

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