Campaña contra el hambre

El hambre de millones de personas es un problema social que nos escuece, sobre todo si contemplamos determinadas imágenes…

También entre nosotros, en el primer mundo, hay bolsas de pobreza donde se van amontonando personas empobrecidas, víctimas de catástrofes, de abandono y marginación, dañadas por situaciones de indigencia, a veces severa.

Ante este panorama, el riesgo que corremos es volvernos cada vez más insensibles… porque nos vamos habituando a las múltiples noticias de desamparo, dolor y muerte que nos llegan.

Como reacción instintiva podemos buscar y encontrar justificaciones pensando que la responsabilidad recae en otros. La solución no está a nuestro alcance. ¿Intentamos ocultar de esta manera un cierto individualismo e insolidaridad?

¿Qué podemos hacer ante el hambre y la miseria de tantos? ¿Es una situación que nos desborda? El Evangelio inspira propuestas como: frente al egoísmo, generosidad; frente a la injusticia, dignidad humana; frente al interés particular, gratuidad; frente al racismo, fraternidad… Según el Evangelio, los preferidos son los más necesitados, los que sufren más, los más empobrecidos… y no porque sean mejores, sino porque la justicia de Dios consiste en que triunfen los derechos de los más indigentes y malogrados. Los demás ya disfrutan de sus derechos básicos…

El mapa del hambre y la pobreza es grande y en algunas sociedades se hace cada vez mayor. La respuesta no es encogerse, sino plantar cara a las situaciones difíciles o injustas con gestos significativos de cooperación.

Reflexionemos:

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