Hace unas semanas se ha ratificado el proceso sinodal, dando un nuevo impulso a la planificación que ya se había trazado. El objetivo de estas líneas es acercar información al respecto y animar a renovar el interés y la disposición a seguir colaborando con la marcha del Sínodo de la Sinodalidad en esta segunda gran etapa que se ha convocado hasta octubre de 2028. Conozcamos, pues, las nuevas pautas y directrices que han salido refrendadas y promovidas desde el Vaticano.
Las primeras orientaciones para seguir el camino de implementación (aplicación, ejecución) del Sínodo se hicieron públicas el 20 de mayo de 2025, unas semanas después del fallecimiento del papa Francisco. Por tanto, la decisión de continuar con el Sínodo ya se tomó en el pontificado de Francisco. Ahora lo que se ha hecho es confirmar y dar un nuevo impulso al proceso ya establecido.
Por su lado, la Secretaría General del Sínodo ha publicado un documento de orientación, para este segundo periodo, titulado: “Hacia las Asambleas 2027-2028. Etapas, criterios e instrumentos para la preparación”. El documento propone un camino de discernimiento, escucha y comunión que involucre a diócesis, conferencias episcopales y continentes hasta culminar en una gran Asamblea Eclesial en el Vaticano (octubre de 2028) con el objetivo de consolidar una Iglesia sinodal y misionera, donde se viva la escucha, el discernimiento y la corresponsabilidad.
El documento citado señala que ahora no se trata de repetir consultas ni de añadir estructuras burocráticas, sino de ayudar a las Iglesias locales a transformar la experiencia sinodal en “sabiduría compartida”.
Como eje articulador del proceso sinodal hacia delante se propone una pregunta que deberá orientar el discernimiento en todos los niveles eclesiales. La pregunta es: ¿Qué rostro concreto de Iglesia sinodal misionera y qué nuevos caminos de sinodalidad están surgiendo en su comunidad? Con esta pregunta se pretende ayudar a releer la experiencia vivida desde la fase anterior del Sínodo (2021-2024), identificar transformaciones que se hayan producido, reconocer dificultades y compartir los frutos surgidos en las comunidades. Todo como resultado del discernimiento espiritual y de la escucha mutua. Así han de proceder los grupos y las asambleas que participen y respondan en esta etapa sinodal.
El documento anima a una amplia participación eclesial en el proceso sinodal. La responsabilidad recaerá principalmente en los obispos diocesanos, en los presidentes de las conferencias episcopales y en los responsables continentales en conexión con los equipos sinodales y los organismos de participación.
El documento señala también que las Asambleas deberán garantizar la presencia de hombres y mujeres; jóvenes, adultos y mayores; personas en situación de vulnerabilidad; laicos, sacerdotes, diáconos, religiosos y miembros de movimientos eclesiales. También pide valorar voces que no procedan directamente de estructuras eclesiales e incluso abrir espacios a representantes de otras Iglesias cristianas y de otras religiones cuando sea pertinente.
Además, se subraya la importancia de mantener vivos los equipos sinodales creados durante el proceso de 2021-2024, considerándolos no solo estructuras organizativas, sino experiencias de escucha y de corresponsabilidad.
Cuatro verbos para el camino sinodal
El documento organiza el proceso de implementación del Sínodo en cuatro etapas, condensando y definiendo cada una con un verbo: “hacer memoria”, “interpretar”, “orientar” y “celebrar”.
La primera etapa: “hacer memoria”, está prevista para el primer semestre de 2027 y estará focalizada en las Iglesias locales (diócesis). Tendrá como objetivo releer espiritualmente la experiencia sinodal vivida: recoger experiencias de renovación misionera, prácticas de corresponsabilidad, procesos de discernimiento, reformas estructurales, nuevas formas de presencia pastoral… Además, las diócesis deberán elaborar un relato sobre el camino recorrido y redactar una carta dirigida a otras Iglesias locales para compartir los frutos más significativos del proceso.
La segunda etapa: “interpretar”, está prevista para el segundo semestre de 2027; reunirá a las diócesis de cada conferencia episcopal. El objetivo es ofrecer una interpretación teológico-pastoral del camino recorrido, relacionando las experiencias de las distintas diócesis y reconociendo convergencias, tensiones y desafíos comunes.
La tercera etapa: “orientar”, tendrá lugar durante el primer cuatrimestre de 2028. En este tiempo se efectuarán las Asambleas continentales. También se elaborará un “Informe de perspectiva o panorámico”, orientado a identificar prioridades comunes y nuevas orientaciones para el futuro de una Iglesia sinodal misionera en relación con el mundo contemporáneo. Este informe servirá para elaborar el Instrumentum laboris (documento de trabajo) de la Asamblea Eclesial de 2028.
Finalmente, en octubre de 2028 se “celebrará” la Asamblea de toda la Iglesia en el Vaticano. Esta Asamblea tendrá un carácter solemne y también espiritual, donde las liturgias expresarán lo que significa ser una Iglesia sinodal misionera: un pueblo convocado por Dios, capaz de escuchar la Palabra, vivir la comunión y abrirse a la misión. En dicha Asamblea se desarrollarán también espacios de diálogo y grupos de discernimiento que volverán sobre la pregunta central que anima todo el itinerario sinodal. Las aportaciones surgidas en la Asamblea serán entregadas al papa como fruto del discernimiento eclesial compartido.
Otras indicaciones
Se advierte que el proceso sinodal no debe entenderse como “consulta sociológica” ni como “verificación técnica”, sino como “experiencia eclesial y espiritual de discernimiento”. Y las Asambleas tampoco han de entenderse como “encuentros para deliberar”, sino como “reuniones para hacer síntesis y relanzar el camino eclesial de sinodalidad”. Y se resalta que la metodología del proceso sinodal seguirá apoyándose en la “conversación en el espíritu”, experimentada ampliamente con anterioridad.
Por último, el documento “Hacia las Asambleas 2027-2028…” insiste en que la colaboración que se pide en este momento del proceso sinodal no consiste en repetir la consulta del Sínodo, sino que ahora se trata de releer lo vivido, reconocer frutos y dificultades, y poner a disposición común de las Iglesias hermanas la experiencia madurada como intercambio de dones. Cada comunidad ofrece lo que ha desarrollado y acoge lo que otras Iglesias ofrecen.
Todos los materiales finales deberán enviarse a la Secretaría General del Sínodo según el calendario preciso que se ha planificado: hasta el 30 de junio de 2027 para la etapa diocesana; hasta el 31 de diciembre de 2027 para la etapa de las conferencias episcopales; y hasta el 30 de abril de 2028 para la etapa continental, con tiempo para preparar la Asamblea Eclesial de octubre de 2028.
Tengamos muy en cuenta que la sinodalidad no es ningún invento moderno ni una ocurrencia a modo de aventura, sino una nota esencial de nuestra Iglesia. Por ello, esperamos que, en la inmediata visita del papa a nuestro país, esta característica aparezca, quede reflejada y hasta resplandezca…
