¿Desconectar?
Esta palabra es una de las más utilizadas en el tiempo generalizado de vacaciones. Se dice: “Necesito desconectar…”. Y se argumenta que desconectar es saludable…
Conviene ser críticos con afirmaciones de signo contundente como esta, sin aportar matiz alguno. Desconectar por exceso de agitación y de manera fogosa puede desembocar en una relajación tal que se asemeje a una despreocupación absoluta. Si es así, ¡atención!: descuidar la vida es peligroso e irresponsable.
La vida no debe ser orillada ni arrinconada por mucha relajación que se necesite. En realidad, y en el fondo, no se disfruta verdaderamente despreocupándose de la psicología, viviendo de espaldas a la conciencia o ignorando la espiritualidad.
No es acertada, y sí perjudicial, la desconexión que lesiona las responsabilidades básicas. Por tanto, no seamos del montón; seamos críticos con lo que se dice o se oye, para no ser forofos de lo que se lleva o se hace sin reflexión pertinente. En la vida hay convicciones y deberes que sensatamente no se deben descuidar. No es razonable ni atinado desconectar en todo…




