Cuaresma
Desde que la Cuaresma fraguó en la historia de la Iglesia han ido apareciendo símbolos y propuestas que acentúan su sentido. ¿Qué significado tienen en la vida diaria la meditación, la oración, el sacrificio, la austeridad, la espiritualidad…? ¿Qué valor damos a la imposición de la ceniza, al ayuno, a la abstinencia, a la limosna…? Hay quien ayuna por estética y quien lo hace por motivaciones evangélicas con el fin de compartir… Es evidente que no es lo mismo.
Mirando hacia la Pascua, Cuaresma es oportunidad de reflexión profunda, de planteamientos radicales… Es seguir entrenándose en la conversión para ser personas nuevas, que se esfuerzan por vivir según el Espíritu y por practicar el Evangelio, queriendo avanzar en el vivir cristiano.
Cuaresma es llamada a reforzar la fe y el compromiso bautismal, analizando y revisando la vida para ver si las actitudes diarias son verdaderamente evangélicas y están en la línea del ideal que Jesús propone…
Sin ser exclusivo de la Cuaresma, la ambientación de este “tiempo fuerte” favorece la revisión profunda de convicciones y compromisos vocacionales. Para ello, haremos bien si nos echamos a la cara las bienaventuranzas del Evangelio. Jesús condensa en ellas el ideal y el estilo cristiano.
Sugerencias del papa León XIV
El papa León XIV nos invita a vivir esta Cuaresma sobre todo desde la escucha y el ayuno. Destaca: “El grito de los pobres interpela a la Iglesia”. El papa anima a construir comunidades en las que la Palabra de Dios genere caminos de liberación. Propone, pues, una Cuaresma marcada por la escucha, el ayuno y la conversión personal y comunitaria.
Acentúa también que la Cuaresma es un tiempo importante en el que la Iglesia invita a “poner el misterio de Dios en el centro de la vida”, para que la fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre inquietudes, ocupaciones y distracciones… La Cuaresma es una oportunidad privilegiada para “escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Jesucristo”.
León XIV subraya que todo proceso de cambio comienza cuando el creyente se deja “tocar” por la Palabra de Dios y la “acoge” con docilidad de espíritu. Según el papa, escuchar la Palabra de Dios educa para una escucha más auténtica de la realidad. Entre las múltiples voces que atraviesan la vida cotidiana, la Palabra bíblica permite reconocer “la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia”, para que no quede sin respuesta.
Junto a la escucha, León XIV propone el ayuno como práctica de conversión. Recuerda que la abstinencia es “un ejercicio ascético antiquísimo”, que ayuda a descubrir “de qué tenemos hambre” y qué consideramos realmente esencial. Pero advierte que, para conservar la verdad evangélica del ayuno, debe vivirse con fe, porque “no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios”. Por tanto, esta práctica debe traducirse en un estilo de vida más sobrio, ya que la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana.
León XIV insiste también en la dimensión comunitaria de la Cuaresma. Parroquias, familias y comunidades están llamadas a recorrer un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios y del clamor de los pobres se convierta en reclamo de sensibilidad. La conversión no afecta solo a la conciencia individual, sino también a las relaciones interpersonales, a la calidad del diálogo o a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad diaria…




