Pascua 2026
La Pascua es la referencia central y culminante de la vida cristiana. Es, también, un tiempo cuajado de reclamos. Son tantas sus motivaciones y tantos sus mensajes que se necesitan semanas para asumirlos, degustarlos y aprovecharlos.
La Pascua inspira dignidad y altura de miras. De ahí la importancia de reforzar las convicciones y los compromisos pascuales, para servirse de ellos a lo largo de todo el año.
El ideal cristiano abre horizontes insospechados. Jesús, manejando una combinación maravillosa de cruz y resurrección, de martirio y bienaventuranza, asegura que es posible mejorar los ambientes en que vivimos, de los que a veces nos quejamos. Su alternativa es clara: él se apunta a “elevar la vida”… y nos reta a alcanzar esta utopía excelente y posible, que coincide con el Reino de Dios…
Pero el ideal evangélico no se puede comprender ni alcanzar sin espiritualidad: sin vivir al aire del Espíritu. No olvidemos que el Espíritu Santo es el “Alma de la Iglesia”…
Por eso, la Pascua plantea propuestas y presenta desafíos: sustituir esquemas que corrompen por proyectos y compromisos que embellecen la vida. Si queremos que la victoria de Dios sea completa, hemos de practicar el Evangelio.
Verdaderamente, Pascua de Resurrección es un revulsivo para el corazón. Nuestra fe carece de fundamento y de mística, si no impregna la vida de resurrección. Nadie ilumina el misterio humano como nuestro Dios trinitario, Señor y dador de vida… Por tanto, alcemos el ánimo y fortalezcamos la esperanza. Dios y Jesús salvan e inspiran…
Miremos hacia delante, atraídos por el ímpetu de la Resurrección. Dios gana la partida en Jesús y la quiere ganar también en cada uno de nosotros… Dios espera encontrar en ti y en mí la iniciativa, el empeño y la fidelidad que halló en Jesús…




