Comunicaciones

Vida atenta

 

Las parábolas recogidas en los evangelios de Lucas 12,35-44 y de Mateo 25,1-13 tienen un común denominador muy edificante: valorar la vida atenta, responsable, fiel…

La parábola de Mateo

La parábola del evangelista Mateo habla de personas atentas y de personas descuidadas. Las atentas están al tanto de los acontecimientos, mantienen un nivel existencial de calidad y dan sentido a los momentos ordinarios de la vida. Sin embargo, a las personas descuidadas los problemas les vencen, tienen despistes y recurren a las quejas: “¡Señor, Señor…!”.

Todos corremos el riesgo de abandonarnos, distraernos, despreocuparnos… Es lo más fácil, pero trae consecuencias funestas, dolorosas… En cambio, con atención y responsabilidad no se pierde el tren de la vida. Si desperdiciamos ocasiones, se explica en gran parte por nuestro descuido e irresponsabilidad.

Puede sorprender en esta parábola que unas jóvenes no hayan querido compartir el aceite con otras. El matiz del compartir no es el que se quiere destacar en esta parábola, sino el de la concentración y el cuidado de la vida diaria. En la existencia cotidiana o estamos atentos o andamos despistados; o trabajamos la calidad de vida o somos pasto del abandono que entorpece…

No es propio de un cristiano andar por la vida adormilado, descuidado, con ligereza, sin reflexión. Un cristiano debe ser “hijo de la luz” en todo momento. De ahí que acabe la parábola insistiendo en la vigilancia y en la vida atenta…

La parábola de Lucas

En la parábola de Lucas se descubre asimismo que, entre las actitudes que Jesús recomienda, sobresalen la atención y la vigilancia. Es lógico: estos rasgos emergen brillantemente en la personalidad de Jesús. Su vida no es la de un hombre despistado, distraído o descuidado; no muestra signos de estar ocioso o de ser un zángano…

Los rivales de Jesús, que lo tientan con frecuencia, quedan sorprendidos y desarmados ante la entereza psicológica y las respuestas geniales que salen de su interior. Las reacciones de autoridad humana que brotan de la sensibilidad de Jesús se deben a que desarrolla una gran vida interior, colmada de espiritualidad trabajada.

Sin duda, la atención y la vigilancia son valores muy importantes. ¿Qué se puede esperar de un cristiano negligente y perezoso, despistado y desatento? Las personas atentas viven con intensa consciencia y con responsabilidad.

Reiteramos: podemos correr el riesgo de abandonarnos si no cuidamos la interioridad ni cultivamos la fe con esmero y perseverancia. Quien las cuida y las cultiva, experimenta una motivación extraordinaria, percibe una iluminación sorprendente y se siente capacitado con cantidad de recursos. Por la fe y la vida atenta muchos creyentes aciertan en la vida diaria. Nosotros mismos tenemos experiencia del empuje singular de la fe y de la espiritualidad humana.

Por tanto, vivamos como “hijos de la luz”. Los cristianos, como Jesús, debemos rezumar lucidez, fidelidad, coraje… Hemos de aportar entusiasmo y dinamismo evangélico. Hemos de vivir con equilibrio, coherencia, dignidad… Hemos de cuidar la honestidad y cumplir con el oficio de ser personas. Es nuestro deber…

Dichosos los cristianos que viven con atención y practican la fe; son y serán cauce de Evangelio.

CUESTIONARIO

  • ¿Qué te aporta la vida atenta? ¿Qué experimentas?
  • Si descuidas la vida atenta, ¿qué lamentas…?

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